Cuando el Estado receta decretos a un paciente moribundo (D. S. Nº 014-2026-SA)
Frente al 94.5% de postas médicas desmanteladas y un sistema al borde del colapso estructural, el Ejecutivo inaugura una vigilia burocrática de noventa días para redibujar jerarquías ministeriales sin gastar un solo sol del Tesoro Público.

Hay en la administración pública peruana un reflejo casi litúrgico, una suerte de reflejo condicionado que sustituye la cirugía de urgencia por el trámite de secretaría. Cada vez que el aparato estatal amenaza con quebrar sus costuras materiales, el poder político no acude con camas, fármacos ni cuadrillas de médicos; acude, con invariable solemnidad notarial, a las páginas del diario oficial El Peruano para fundar una comisión, iniciar un inventario o redactar un nuevo organigrama.
El Decreto Supremo N° 014-2026-SA, promulgado en las últimas horas y refrendado por el titular de Salud, Luis Williams Dyer Fernández, bajo la presidencia de Keiko Sofía Fujimori Higuchi, es un monumento a esta pulsión doctrinaria. La norma declara al Ministerio de Salud en estado de reorganización por un lapso de noventa días calendario. ¿El objetivo primordial? Realizar una revisión integral de sus unidades para subsanar duplicidades, superposiciones y vacíos, adecuando la estructura a las metas de la Política Nacional Multisectorial de Salud al 2030 Perú, País Saludable.
La retórica jurídica es impecable, casi quirúrgica. Se invoca la Ley Marco de Modernización de la Gestión del Estado, se cita la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y se apela al principio de orientación al ciudadano. Sin embargo, detrás de la prosa aséptica de los considerandos se esconde una contradicción dolorosa: el Estado pretende exorcizar una catástrofe clínica con herramientas de geometría administrativa.
El Cronograma de la Ficción: Cuatro Nudos Críticos
✦ Mientras los técnicos del sector planean redactar informes diagnósticos, la realidad territorial documentada por Susalud indica que el 94,5% de los establecimientos de atención primaria opera con capacidad instalada inadecuada, infraestructura en ruinas y equipamiento desactualizado o inexistente. El primer anillo de contención sanitaria del país es un cascarón vacío.
✦ El artículo 3 del decreto supremo prescribe con pasmosa ligereza que el proceso de reorganización se ejecutará exclusivamente con cargo al presupuesto institucional del propio MINSA, 'sin demandar recursos adicionales al Tesoro Público'. Se busca transfigurar un sector históricamente desfinanciado mediante una redistribución de escritorios, como quien pretende apagar un incendio forestal cambiando de orden los extintores vacíos.
✦ El colapso sanitario peruano no surge de la duplicidad funcional entre viceministerios, sino de la hemorragia de capital humano. En departamentos como Junín, los reportes de la Contraloría General revelan una deserción crítica de profesionales médicos y un promedio que supera los 500 habitantes por facultativo, obligando a los pacientes a sortear postas sin médicos y hospitales donde la disponibilidad de camas decrece con los años.
✦ La norma concede sesenta días a la Oficina de Organización y Modernización para diagnosticar lo que una docena de crisis sanitarias ya han gritado: que el sistema no responde porque carece de oxígeno, suministros críticos y logística básica. Las lecciones de colapsos globales —desde la saturación en Lombardía hasta la trágica segunda ola en India— demostraron que los virus y las bacterias no aguardan la confección de un nuevo manual de operaciones.
La brecha entre el palacio ministerial de la avenida Salaverry y las postas rurales no es una divergencia de gestión; es una distancia existencial. Mientras la burocracia elabora consensos con los órganos de Alta Dirección para ajustar su árbol jerárquico, la ciudadanía continúa experimentando la salud pública como una lotería de supervivencia.
